24.10.2014 viernes

Porque aunque a algunos lo que realmente les inspira el otoño es esconderse bajo la manta y devorar pelis, series o lo que pongan en ese momento en la tele…lo cierto es que hay miles de planes y sitios por descubrir. Me gustaría poder contar planes de diferentes ciudades, pero asumamos que siendo de Madrid, los planes que se me vienen a la cabeza para disfrutar del fin de semana (y recomendar) son precisamente de esa ciudad.

Por eso, pongamos que hablo de Madrid (como decía la canción) y en el camino del trabajo a casa me dejaré caer por un lugar que, aunque lleva abierto más de un año, descubrí el pasado domingo y al que me iría ahora mismo a tomar el aperitivo sin pensarlo demasiado. Hablo de Sala de Despiece (c. / Ponzano 11, Madrid). Personas a las que quiero mucho me habían hablado maravillas de este innovador espacio y de su espectacular carta (donde se puede ver la procedencia de cada plato, cantidad y receta), pero por unas cosas u otras no había ido hasta hace unos días. Javier Bonet es el genio que está detrás de todo esto.

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No hay mesas, se come sobre la barra que hace las veces de mesa común para todo aquel que entra, con lo que el ambiente es genial. Tampoco hay platos, sirven la comida sobre una especie de bandejas metálicas cubiertas con papel. La decoración gira en torno al nombre: una verdadera sala de despiece con herramientas incluidas por todas las paredes, ganchos con cestas colgando del techo donde están los cubiertos y servilletas y cajas de transporte de comida cubriendo las paredes del local. Muy recomendable: el tartar de solomillo o las mollejas a la plancha con salsa de ostras y mostaza. A tener en cuenta: hay ir con tiempo, paciencia y ganas de disfrutar de algo nuevo, el local es pequeño y suele estar hasta la bandera. Algo que no me extraña, la verdad.

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Después de la parada gastronómica, hay que visitar Hubert de Givenchy, la exposición que acaba de ver la luz en el Museo Thyssen-Bornemisza y que estará hasta el 18 de enero. Recomiendan comprar la entrada de forma anticipada, tiene aforo limitado y, por lo que he visto y oído, está despertando mucho interés. Puede que una de las razones sea el gran vestido que lució Audrey Hepburn en “Desayuno con diamantes”, todo un icono y objeto de deseo, además de fotografías, bocetos y otros diseños del gran modisto.

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Elegiré un look muy parecido a éste:

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El cine siempre es buena opción, plan por excelencia del fin de semana, la última que he visto es Perdida, de David Fincher. Suspense, intriga y una trama que engancha desde el principio, pero poco más. Lo mejor: la interpretación de Rosamund Pike (la prota que da vida a Amy), la de Ben Affleck tampoco está mal.  Lo peor: Neil Patrick Harris intentando hacer un papel “serio”, no me lo creo, siempre seguiré viendo en él a Barney (“Cómo conocí a vuestra madre”).

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Es muy probable que acabe comprando flores para mi casa, me gustan todas, pero hoy elijo estas:

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Y para terminar, un poco de música, que siempre es necesaria y bienvenida. Escucharé -y recomendaré- siempre el vinilo de The Killers que compré en una tienda de segunda mano de San Francisco. Por sus recuerdos y por sus temas.

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Prometo seguir contando más cosas, de todo en general y de nada en particular, de mis cosas, de la vida, de planes, de la colección de vinilos que poco a poco va creciendo, de San Francisco, de música y de muchas cosas más…que para eso estamos.

Feliz fin de semana,

LCDQ

 

Razones por las que me gusta el otoño

Si bien en los últimos años ha ido en aumento mi gusto por el invierno y por el frío en general (mis razones aquí), he de decir que mi estación del año favorita con mucha, mucha diferencia al resto es el otoño… No hay ninguna razón específica o puede que sí. Pero el caso es que es una estación en la que me siento cómoda y, lo más importante, más feliz… Mis diez razones, a continuación:

Nací un 7 de noviembre (queda poco, poco). Con eso lo digo todo. Desde pequeña el otoño ha venido acompañado de regalos, felicitaciones, reuniones, velas y tarta de manzana de mi madre.

En otoño me gusta comer crema de calabaza, me encanta. La crema en general y la calabaza en particular.

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Es temporada de setas. Y en otoño se va al campo a cogerlas. Con botas de agua, paraguas, navaja y cesta. Ya me están entrando ganas de un plan así. Todos los años intento ir, aunque no coja ni una, la sensación de libertad y relajación no me la quita nadie.

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También en otoño se puede caminar sobre las hojas secas. Esa sensación en la ciudad me gusta aún más.

El otoño es la estación en la que saco el nórdico después de su retiro estival y… ¡por fin! se duerme bien.

Es justo en otoño cuando hago el cambio del iced chai tea latte al café mocca de Starbucks. Justo ahora. Ni antes ni después.

En otoño apetece ver más pelis, leer más libros y escribir más…de lo que sea.

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La ropa de otoño (y la de invierno) es mucho mejor que la de verano. No me lo discutan. Se viste mejor con frío que con calor.

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Las terrazas en otoño también están llenas. El pasado domingo estuve tomando café (un té verde en este caso) en la madrileña Plaza de Olavide y puedo dar fe de ello.

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Los domingos en otoño son los mejores de año. Con o sin planes.

Espero que estén disfrutando de un bonito otoño,

LCDQ

Libros y algo más

Resulta que me encantan los libros (ya os lo comenté aquí) y como buena amante de ellos, las librerías se han convertido para mi en un lugar de culto, casi de veneración. Un espacio donde respiro paz, tranquilidad e inspiración. Un lugar donde conviven y se entremezclan pensamientos dispares, pero todos ellos con un objetivo común: la búsqueda de la historia perfecta.

Siempre recordaré la librería que había cerca de mi casa cuando era pequeña. Me quedaba ensimismada contemplando las torres de libros, perfectamente ordenados por temáticas o editoriales, esperando a ser descubiertos por alguna mente curiosa e inquieta. Y esa escalera, la escalera de madera, con la que el librero alcanzaba los ejemplares situados en la parte más alta de las estanterías…Qué recuerdos.

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Resulta también, que los libros me transportan irremediablemente al otoño, a un ambiente bucólico, decadente, repleto de hojas. Un paisaje donde el color gris de una tarde de lluvia se mezcla con el olor de una buena taza de café o el mejor de los vinos. ¿No resulta una mezcla perfecta? Café y libro. Qué buen plan. Qué plan tan brillante para una tarde de octubre.

Toda esta introducción (espero no haber aburrido demasiado, pero tenía que decirlo) viene por una atractiva propuesta que me gustaría haceros. Ideal  para un día otoñal y gris como el de hoy…o el de mañana. Tampoco importa demasiado. El caso es que últimamente veo como, cada vez más, empiezan a proliferar espacios donde el acto de comprar un libro va más allá y se convierte en una verdadera liturgia. Lugares donde además de encontrar ese libro deseado, puedes acompañarlo de un delicioso café, un trocito de tarta o una exquisita copa de vino. Los cafés-librerías o librería-cafés. Vamos, mi paraíso.

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Estas particulares librerías no suponen una novedad en el panorama de las letras. Tienen su origen en las tertulias literarias del sigo XIX, donde igual te encontrabas a Valle-Inclán hablando de política como a Rubén Darío debatiendo sobre asuntos artísticos, todo ello envuelto en un halo muy poético y cultural. No seré yo quien lo niegue… hubiera disfrutado como una niña viviendo ese ambiente, aunque sea un ratito.

Pero como yo no soy una chica del siglo XIX, debo adaptarme a las propuestas culturales de “mi tiempo”, así que no me entretengo más. Vamos a lo que vamos: las recomendaciones. Imagino que este tipo de locales están presentes (en mayor o menor medida) en casi todas las ciudades. Pero en mi caso, pongamos que hablo… de Madrid (como decía la canción):

LA FUGITIVA

Calle de Santa Isabel, 7

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Entrada de La Fugitiva

Una librería-café que poco a poco se ha hecho un hueco entre las favoritas de la capital. Cuenta con una amplia selección de libros, un club de lectura y una agenda repleta de charlas literarias. Todo ello acompañado por una gran variedad de tés y cafés y un ambiente bohemio,  tranquilo y  acogedor donde el placer por la lectura está servido.

TIPOS INFAMES

San Joaquín, 3 Bajo Izquierda

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Tipos infames

Librería especializada en narrativa con una cuidada selección de autores y editoriales de carácter independiente. Para acompañar una buena lectura disponen de una amplia variedad de vinos de autor y cervezas artesanales. Apuestan por las actividades culturales de diverso índole: desde catas de vino hasta talleres, presentaciones de libros o exposiciones. También disponen de tienda online, aunque la verdadera esencia de este nuevo concepto de librería es dejarte seducir por este espacio abierto a la cultura.

LA CIUDAD INVISIBLE

Costanilla de los Ángeles, 7

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Imagen del espacio

Se trata de un café-librería especializada en viajes. Cuenta con una selección de guías de viajes donde poder consultar y organizar el tuyo de la mejor manera posible. Un punto de encuentro para viajeros y curiosos donde además de un café, ofrecen una carta de ensaladas y tapas de diferentes partes del mundo. Si además de esto te has quedado con ganas de más, prueba uno de sus deliciosos gin-tonic mientras planeas tu próxima escapada.

LA CENTRAL

Calle Postigo de San Martín, 8

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Imagen del patio central del edificio

Probablemente uno de los cafés-librerías más conocidos de Madrid. Por su ubicación, en pleno centro de la capital, hace que este antiguo palacio de 5 plantas se convierta en un hervidero de gente que sube, baja, se toma algo, asiste atenta a alguna charla o presentación, etc. Además de una amplia variedad de libros, destaca su café-restaurante (El bistró) y su coctelería (El garito) situado en el sótano y donde es habitual la celebración de actividades culturales o charlas literarias. Muy recomendable.

OCHO Y MEDIO

Calle Martín de los Heros, 11

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Café Via Margutta, situada en medio de la libreria

Especializada en publicaciones cinematográficas. También cuentan con una editorial y es común encontrarse con actores o músicos participando en sus actividades culturales. Dicen que es una de las mejores librerías del mundo dedicada al séptimo arte. El punto divertido lo pone su carta de desayunos y meriendas de su cafetería (Via Margutta, claro homenaje a la calle en la que vivió Fellini) haciendo un guiño a conocidos títulos como “desayuno con diamantes” o “un perro andaluz”, entre otros.